
¿Por qué maltratamos nuestros calentadores infrarrojos con vapor?
Seamos honestos: los baños son un verdadero infierno para los dispositivos electrónicos. Con todo ese vapor, las salpicaduras de agua y el cambio brusco de temperatura en solo cinco minutos, es un verdadero desafío para los componentes electrónicos. No queremos venderle simplemente una lámpara que funcione desde el primer momento en que se la conecte a la corriente. Queremos que siga funcionando tres años después, incluso después de miles de duchas calientes.
El problema de la humedad
El agua y la electricidad no son amigos. En estas lámparas, el verdadero peligro está en el punto donde el tubo de cuarzo se conecta con los terminales eléctricos. Si la humedad logra penetrar allí, comenzará a dañar esos puntos de contacto. Una vez que ocurre esa oxidación, la resistencia aumenta. Las temperaturas suben demasiado. Entonces, lo único que queda es una bombilla quemada o un interruptor que se apaga justo cuando uno sale de la ducha. No es una experiencia agradable.
Cómo provocamos daños intencionadamente
Para evitar esto, utilizamos una cámara de envejecimiento por calor y humedad. Básicamente, colocamos cada lote en una habitación con un 95% de humedad y ajustamos la temperatura constantemente. Esto fuerza a los materiales a expandirse y contraerse una y otra vez. Buscamos los menores defectos en las juntas o en el material utilizado para sellar los componentes. Si hay un agujero microscópico, la humedad encontrará su camino hacia allí. Monitoreamos constantemente la resistencia del aislamiento durante cientos de horas. Si ese valor disminuye, sabemos que hay fugas en el sello. Preferiría que la lámpara fallara en nuestro laboratorio antes que en el techo del cliente.
El equilibrio perfecto
Podría pensar uno: “Basta con sellarlo herméticamente”. Pero aquí está el problema: si lo sellamos demasiado bien, el calor interno no tendrá dónde ir. Los componentes electrónicos se “cocinan” en su propio jugo. Es como caminar sobre una cuerda floja. Diseñamos las carcasas de tal manera que impidan la entrada del vapor, pero al mismo tiempo permitan que los componentes respiren lo suficiente para mantenerse fríos. Al final, lo que obtenemos es un calentador que no se daña durante las mañanas húmedas. No hay magia alguna; simplemente, sometemos los componentes a altas presiones hasta que se dañan, y luego buscamos formas de hacerlos más resistentes.